August 15, 2018 – God does not love us equally

Solemnity of the Assumption of the Blessed Virgin Mary

(Vigil) Readings / Lecturas

(Day / Día) Readings / Lecturas

Recording

Preached at St. Charles, Burlington (7:00pm vigil, 7:30am); Immaculate Heart of Mary, Sedro-Woolley (5:30pm); Immaculate Conception, Mount Vernon (7:30pm)

 

English

What if I were to tell you that God does not love us all equally? How would you respond?

As a democracy-loving American, you would probably react fairly negatively. We are told from our childhoods that all people are equal and that if we do not believe that we are hateful or privileged or some such thing. So to suggest that God does not love everyone equally is heresy of the highest order.

But this is exactly the argument that the late Cardinal Francis George of Chicago made in a column back in 2011. Before we get to his argument, though, we should note that nothing in the Bible indicates that God loves egalitarianism as much as we do. Yes, God offers salvation to all equally. Yes, we are all equally in the image and likeness of God. Yes, we are all equally members of the Body of Christ regardless of our socio-economic conditions or ethnic origins. But God also played favorites between siblings and established a hierarchical priesthood in the Old Testament which continued in the Christian age via the Apostles, deacons, and priests. Saint Paul lists various offices of the Church and ranks them in importance. The Christian theological tradition has long loved ranked lists, giving us orders of Angels and circles of Heaven, Hell, and Purgatory. God continues to guide, influence, and inspire a Church that is extremely hierarchical, and this Church still has the best claim on being the true and authentic Church established by Jesus Christ, even despite the many sins of the hierarchy. So there is nothing in our faith that says that God has to love everyone equally and that Cardinal George is wrong.

But is Cardinal George right? His argument is that there are great saints and little saints. Names that everybody knows, like Saint Francis, and names that hardly anybody knows, like Saint Engelbert. If both followed the will of God heroically, why did some make a bigger impact than others? We can either believe that this inequality amongst the saints was because of their efforts, that some were just holier than others, which would be tantamount to saying that they are saints because of their own merits and not the grace of God; or we can believe that these saints are unequal because God himself ordained that it should be that way. God, for example, decided to give Saint Francis a bigger and more important task than Saint Engelbert, and so also gave him greater graces to handle that task. Cardinal George says that all of these extra graces that Saint Francis received shows that God loved him more.

Or, if that example does not work for you, look at Mary: Mary was preserved from Original Sin, lived her entire life free from sin, may possibly have been preserved from death, and was assumed body and soul into Heaven at the end of her Earthly life. Are we going to stand here and say that God did not love Mary more than he loves us or any of the other saints?

Again, this idea is super uncomfortable for us Americans. We don’t like it.

But you know what? I think it is okay.

Why? Because, as Protestant writer Lisa Bevere puts it, God may not love us equally, but he does love us uniquely. He may give other people more graces and greater missions, but he knows me perfectly and he loves me exactly as I need to be loved. He does not want all of us to be the same kind of saint, he wants me to be a saint in a unique way, to build up the Church in a way that is special to me. He gives me a unique mission, and even if that mission is small compared to the mission of Saint Francis, it is my mission and my mission alone. I do not need God to love me as much as he loved the Virgin Mary, because I am not the Virgin Mary. I am me, and God wants to love me as me.

We should always remember that the spiritual life is not a competition. The goal is not to be holier than everyone else. The goal is to be as holy as I, personally, ought to be. And if I stop the competitive mindset, then I can be happy for other people when they are as holy as they ought to be, even if that means that they are holier than me. One of the greatest miracles of God is that he does not need everything to be the same for it to be harmonious. God can take things that are different and bring them into a beautiful unity.

Our unity with the Blessed Virgin Mary, with all the saints, and with each other is beautiful, not because we are all equal, but because we are all different and yet we are united together in the one Lord who loves us each in our own way.

 

Español

¿Qué pasaría si tuviera que decirte que Dios no nos ama a todos por igual? ¿Cómo responderías?

Como estadounidense amante de la democracia, probablemente reaccionarías bastante negativamente. Desde nuestra niñez se nos dice que todas las personas son iguales y que si no creemos que somos odiosos o privilegiados o algo así. Así que sugerir que Dios no ama a todos por igual es herejía del orden más alto.

Pero este es exactamente el argumento que el difunto Cardenal Francis George de Chicago hizo en una columna en dos mil y once. Sin embargo, antes de llegar a su argumento, debemos notar que nada en la Biblia indica que Dios ama la igualdad tanto como nosotros. Sí, Dios ofrece salvación a todos por igual. Sí, todos somos iguales en la imagen y semejanza de Dios. Sí, todos somos igualmente miembros del cuerpo de Cristo, independientemente de nuestras condiciones socioeconómicas u orígenes étnicos. Pero Dios también jugó favoritos entre hermanos y estableció un sacerdocio jerárquico en el Antiguo Testamento que continuó en la era cristiana a través de los apóstoles, diáconos y sacerdotes. San Pablo enumera varias oficinas de la iglesia y las clasifica en importancia. La tradición teológica cristiana ha amado desde hace mucho las listas clasificatorias, dándonos órdenes de Ángeles y círculos del cielo, el infierno y el Purgatorio. Dios continúa guiando, influenciando e inspirando una iglesia que es extremadamente jerárquica, y esta iglesia todavía tiene la mejor afirmación de ser la verdadera y auténtica iglesia establecida por Jesucristo, incluso a pesar de los muchos pecados de la jerarquía. Así que no hay nada en nuestra fe que diga que Dios tiene que amar a todos por igual y que el Cardenal George está equivocado.

¿Pero tiene razón el Cardenal George? Su argumento es que hay grandes santos y pequeños santos. Nombres que todo el mundo conoce, como San Francisco, y nombres que casi nadie sabe, como San Engelbert. Si ambos siguieron la voluntad de Dios heroicamente, ¿por qué algunos hicieron un impacto más grande que otros? Podemos creer que esta desigualdad entre los santos fue por sus propios esfuerzos, que algunos eran más santos que otros, lo que equivale a decir que son santos por sus propios méritos y no por la gracia de Dios; o podemos creer que estos santos son desiguales porque Dios mismo ordenó que así fuera. Dios, por ejemplo, decidió dar a San Francisco una tarea más grande y más importante que San Engelbert, y así también le dio mayores gracias para manejar esa tarea. El Cardenal George dice que todas estas gracias adicionales que San Francisco recibió muestra que Dios lo amaba más.

O, si ese ejemplo no te funciona, mira a María: María fue preservada del pecado original, vivió toda su vida libre del pecado, posiblemente haya sido preservada de la muerte, y fue asumida cuerpo y alma en el cielo al final de su vida terrenal. ¿Vamos a decir que Dios no amaba a María más de lo que nos ama a nosotros o a cualquiera de los otros santos?

Una vez más, esta idea es súper incómodo para nosotros los estadounidenses. No nos gusta.

¿Pero sabes que creo? Creo que está bien.

¿Porqué? Porque, como dice la escritora protestante Lisa Devere, Dios puede que no nos ame por igual, pero él nos ama de manera única. Él puede dar a otras personas más gracias y misiones más grandes, pero él me conoce perfectamente y él me ama exactamente como yo necesito ser amado. Él no quiere que todos nosotros seremos la misma clase de santo, él quiere que yo sea un santo de una manera única, para ayudar la iglesia de una manera que sea especial para mí. Él me da una misión única, e incluso si esa misión es pequeña en comparación con la misión de San Francisco, es mi misión y mi misión sola. No necesito que Dios me ame tanto como amó a la Virgen María, porque yo no soy la Virgen María. Yo soy yo, y Dios quiere amarme como a mí.

Siempre debemos recordar que la vida espiritual no es una competencia. El objetivo no es ser más santo que todos los demás. El objetivo es ser tan santo como yo, personalmente, debería ser. Y si detengo la mentalidad competitiva, entonces puedo ser feliz por otras personas cuando son tan santas como deberían ser, incluso si eso significa que son más santos que yo. Uno de los mayores milagros de Dios es que él no necesita que todo sea lo mismo para que sea armonioso. Dios puede tomar cosas que son diferentes y traerlas a una hermosa unidad.

Nuestra unidad con la Santísima Virgen María, con todos los santos, y el uno con el otro es hermosa, no porque todos somos iguales, sino porque somos todos diferentes y sin embargo estamos unidos juntos en el único Señor que nos ama cada uno en nuestro propio manera.

 

End Notes

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