March 30, 2018 – Good Friday

Good Friday of the Lord’s Passion

Readings / Lecturas

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English

Jesus tells Pilate that he has come “to testify to the truth” to which Pilate responds, “What is truth?” In other words, Pilate does not care. Pilate is interested in the politics of the situation, of keeping political peace, of making sure there is not riot in Jerusalem during the Passover feast.

Oh! if only Pilate had cared! If only Pilate had realized who was standing in front of him and what was at stake! Jesus was ready to offer Pilate the truth, the truth of the Gospel, the truth that saves. All Pilate had to do was to keep asking questions, to follow his conscience, to refuse to condemn an innocent man. But alas, Pilate’s eyes were too blinded by the concerns of this world, and so he played his part in the murder of our God and savior.

This is the problem with the saving truth of the Gospel: while it is offered to everyone, it cannot be seen with the eyes of the world, but only with the eyes of faith. We have to choose whether we are going to allow God to upend our world with his saving truth, or whether we are going to ignore it because it is inconvenient.

Look at Pilate: the truth continues to pull at his heart. “Now when Pilate heard this statement, he became even more afraid, and went back into the praetorium and said to Jesus, ‘Where are you from?’” Pilate knows that something is wrong, Pilate feels that there is a deeper truth to be found, but when he tries to uncover that truth, he finds it inconvenient and turns away.

Look at the band of soldiers and guards from the chief priests and the Pharisees: when they ask for Jesus, Jesus responds with “I AM”, which is the divine name of God given in Exodus. When Jesus identifies himself with this name, the truth of this revelation is so deep and so profound that the entire group turned away and fell to the ground. They felt the saving truth being revealed to them. But then they chose to ignore it. When Jesus once again reveals himself as “I AM”, they refuse to be affected by it, because they want to believe that Jesus is a criminal deserving death. It is easier to believe that Jesus is a criminal than to admit the truth that he is God.

Look at Jesus’ trial before the chief priests: He says he has been teaching publicly, so why do they ask him and not the people who heard him. He challenges the guards to identify where he has spoken incorrectly, and yet they strike him anyway. Jesus is calling these men to acknowledge the truth, to live in the light, and yet it is easier for them to ignore Jesus, to believe that Jesus is a blasphemer, to eradicate Jesus by killing him. These men have chosen to remain in the darkness.

The truth is challenging. It is difficult. It causes us to want to run away. And nowhere is this more obvious or more poignant than with the cross. In a few moments, here in this church, we will embrace, kiss, adore, and glorify a cross. Do you understand what you are doing? Do you realize how backwards and horrible this is? It is like embracing a noose, but worse. The cross is an instrument of torture, used not only to kill the worst criminals of the Roman empire, but to torture them publicly and painfully in the process. On the cross, the chest cavity was under enormous pressure, so it was necessary to lift one’s body to breath. Up and down, up and down, with one’s whipped back against the coarse wood. Until the body was so exhausted that it could not lift itself any longer and it ceased to breath. And yet we embrace one of the cruelest tortures devised by man, because the truth is so much greater: it is the instrument of our salvation. The truth of the cross is that God has redeemed it, God has used it to save us from the power of sin and death. The truth of the cross is that God can take even the worst evils and transform them into the greatest goods. The truth of the cross is that, because he himself suffered, Jesus has made our suffering salvific. The truth of the cross is that we no longer have to fear it, because every cross, ever trauma, every persecution or sickness or abandonment or betrayal or whatever other instance of evil in our lives: every one of these things is transformed by God. Every one of these things God uses to make us holy, and to bring us nearer to him.

But we have to choose this truth that is calling out to us. We have to fight the impulse to ignore it, and instead allow it to transform our lives. And so, Christians, let us not run from our crosses, but embrace them! Let us see with the eyes of faith that Jesus was not a criminal, but a savior. That his death was not a defeat, but a victory. That his blood was not a loss of life but a gift of grace. That his cross was not a torture, but salvation for the whole world. And that our crosses, as heavy as they may seem, unite us to Jesus, unite us to the saving truth; and that, in truth, it is the burdens that we bear and the sufferings that we endure, through, with, and in Jesus, that will set us free. Let us embrace his cross, and ours as well.

 

Español

Jesús le dice a Pilato que él ha venido “para ser testigo de la verdad” a lo que Pilato responde: “¿Qué es la verdad?” En otras palabras, a Pilato no le importa. Pilato está interesado en la política de la situación, en mantener la paz política, en asegurarse de que no haya disturbios en Jerusalén durante la fiesta de la Pascua.

Oh! ¡Si a Pilato le hubiera importado! ¡Si Pilato se hubiera dado cuenta de que estaba parado delante de él y de lo que estaba en juego! Jesús estaba dispuesto a ofrecer a Pilato la verdad, la verdad del Evangelio, la verdad que salva. Todo lo que Pilato tenía que hacer era seguir haciendo preguntas, seguir su conciencia, rehusar condenar a un hombre inocente. Pero, por desgracia, los ojos de Pilato estaban demasiado cegados por las preocupaciones de este mundo, por lo que jugó su papel en el asesinato de nuestro Dios y Salvador.

Este es el problema con la verdad salvadora del Evangelio: Si bien se ofrece a todos, no se puede ver con los ojos del mundo, sino sólo con los ojos de la fe. Tenemos que elegir si vamos a permitir que Dios desmienten nuestro mundo con su verdad salvadora, o si vamos a ignorarla porque es inconveniente.

Mira a Pilato: la verdad sigue tirando de su corazón. “Cuando Pilato oyó estas palabras, se asustó aún más, y entrando otra vez en el pretorio, dijo a Jesús: ‘¿De dónde eres tú?’” Pilato sabe que algo está mal, Pilato siente que hay una verdad más profunda que se encuentra, pero cuando intenta descubrir esa verdad, le resulta incómodo y se aleja.

Miren al batallón de soldados y guardias de los judíos: cuando piden por Jesús, Jesús responde con “Yo soy”, que es el nombre divino de Dios dado en Éxodo. Cuando Jesús se identifica con este nombre, la verdad de esta revelación es tan profunda que todo el grupo retrocedió y cayó a la tierra. Sintieron la verdad salvadora que les era revelada. Pero entonces eligieron ignorarlo. Cuando Jesús una vez más se revela a sí mismo como “yo soy”, se niegan a ser afectados por ella, porque quieren creer que Jesús es un criminal que merece la muerte. Es más fácil creer que Jesús es un criminal que admitir la verdad de que él es Dios.

Mira el juicio de Jesús ante los sumos sacerdotes: dice que ha estado enseñando públicamente, así que, ¿por qué le preguntan a él y no a las personas que lo oyeron? Desafía a los guardias a identificar dónde ha hablado incorrectamente, y sin embargo lo golpean de todos modos. Jesús está llamando a estos hombres a reconocer la verdad, a vivir en la luz, y sin embargo es más fácil para ellos ignorar a Jesús, para creer que Jesús es un blasfemo, para erradicar a Jesús matándolo. Estos hombres han elegido permanecer en la oscuridad.

La verdad es un reto. Es difícil. Nos hace desear huir. Y en ninguna parte es esto más obvio o más conmovedor que con la Cruz. En unos momentos, aquí en esta iglesia, abrazaremos, besaremos, adoraremos y glorificaremos una cruz. ¿Entiendes lo que estás haciendo? ¿Te das cuenta de lo atrasado y horrible que es esto? Es como abrazar un nudo corredizo, pero peor. La Cruz es un instrumento de tortura, utilizado no sólo para matar a los peores criminales del imperio romano, sino para torturarlos públicamente y dolorosamente en el proceso. En la Cruz, la cavidad torácica estaba bajo una enorme presión, por lo que era necesario levantar el cuerpo para respirar. Arriba y abajo, arriba y abajo, con una espalda batida contra la madera gruesa. Hasta que el cuerpo estaba tan agotado que no podía levantarse por más tiempo y dejó de respirar. Y, sin embargo, abrazamos una de las torturas más crueles ideadas por el hombre, porque la verdad es mucho mayor: es el instrumento de nuestra salvación. La verdad de la Cruz es que Dios la ha redimido, Dios la ha usado para salvarnos del poder del pecado y la muerte. La verdad de la Cruz es que Dios puede tomar incluso los peores males y transformarlos en los bienes más grandes. La verdad de la Cruz es que, porque él mismo sufrió, Jesús ha hecho nuestro sufrimiento salvífico. La verdad de la Cruz es que ya no tenemos que temerlo, porque cada cruz, cada trauma, cada persecución o enfermedad o abandono o traición o cualquier otra instancia del mal en nuestras vidas: cada una de estas cosas es transformada por Dios. Cada una de estas cosas que Dios usa para hacernos santos, y para acercarnos a él.

Pero tenemos que elegir esta verdad que nos está llamando. Tenemos que luchar contra el impulso de ignorarlo, y en su lugar permitir que transforme nuestras vidas. Y así, cristianos, no huyamos de nuestras cruces, ¡sino que los abracemos! Veamos con los ojos de la fe que Jesús no era un criminal, sino un Salvador. Que su muerte no fue una derrota, sino una victoria. Que su sangre no era una pérdida de vida, sino un regalo de gracia. Que su cruz no era una tortura, sino la salvación para todo el mundo. Y que nuestras cruces, tan pesadas como parezcan, nos unen a Jesús, nos unen a la verdad salvadora; y que, en verdad, son las cargas que soportamos y los sufrimientos que sufrimos, a través, con, y en Jesús, que nos liberarán. Vamos a abrazar su cruz, y la nuestra también.

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