December 25, 2017 – Huddled together against darkness

The Nativity of the Lord – During the Night /
La Natividad del Señor – Misa de medianoche

Readings – English / Español

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English

The imagery of a late-night Mass has always been very special to me. Here we are, huddled together, surrounded by cold and darkness. One imagines all of the times in the history of the world when human beings have huddled together: times of war, with enemies at the gates or bombs in the air; times of national or personal tragedy, when it feels like the world is falling apart and we do not know what to do, other than hug and cry; times of extreme weather or sickness, where being together feels like at least some kind of protection from forces beyond our control. People always gather in hopeless situations, and tonight we gather for the same reason: to remember a time when the world had no hope.

See, the time before Jesus was harsh and cruel. Though the Romans and Greeks had brought some measure of civilization, the balance of society was delicate, and the world often fell into foreign and civil wars. The powerful and militaristic still dominated the weak. And happiness was elusive, with people trying every crazy philosophy or fad just to feel close to the gods or find meaning in life. Even in Israel, a land chosen and guided for centuries by the true God, there had not been a prophecy or a manifestation of the divine presence for nearly four-hundred years. The world seemed dark and hopeless.

And then comes this child into Bethlehem, born in a cave where animals slept, to a mother and father who could not even find a room at an inn. The world did not know it yet, but everything, everything was suddenly different. Where there was darkness, now there is light. Where there was fear, now there is hope. Where there was abandonment, now there is comfort, joy, and peace.

Everything is different. We have reached the center-point of history, the axis around which every other act of creation turns. This is such a monumental occasion that it is not simply one angel that announces the event, but an entire army of angels, the full and awesome power of heaven, that sings in powerful, complete, and total joy of the birth of the Messiah.

And who is informed of this new hope? Who gets to marvel at the long awaited one who is to come, Emmanuel, God among us? Who are the first ones to visit the Wonder-Counselor, God-Hero, Father-Forever, Prince of Peace? It is the mangy shepherds, the vagabonds of the age with whom no one voluntarily associated. And yet, it is these undesirables who get to bask in the radiance of the God-made-man, born in humility to Mary and her protector, Joseph.

See, the hope that is coming into the world is unintelligible to those who are confident and in charge, to the powerful and controlling. No, only the little ones, the ones who gather together in the dark and the cold understand: the greatest hope for the world can be found deep in a cave, amongst the warmth of animals. Only the shepherds understand that the great savior of the nations comes in the form of a little child. Only we, huddled together late at night, believe: God has become man, and now everything, everything is different.

 

Español

La imaginería de una Misa nocturna siempre ha sido muy especial para mí. Aquí estamos, acurrucados juntos, rodeados de frío y oscuridad. Uno imagina todos los tiempos en la historia del mundo cuando los seres humanos se han acurrucado: tiempos de guerra, con enemigos a las puertas o bombas en el aire; tiempos de tragedia nacional o personal, cuando se siente como el mundo se está desmoronando y no sabemos qué hacer, aparte de abrazar y llorar; tiempos de clima extremo o enfermedad, donde estar juntos se siente como al menos algún tipo de protección de las fuerzas fuera de nuestro control. La gente siempre se reúne en situaciones desesperadas, y esta noche nos reunimos por la misma razón: recordar una época en la que el mundo no tenía esperanzas.

Mira, el tiempo antes de que Jesús fuera duro y cruel. Aunque los romanos y los griegos habían traído alguna medida de la civilización, el equilibrio de la sociedad era delicado, y el mundo cayó a menudo en guerras extranjeras y civiles. Los poderosos y militarista aún dominaban a los débiles. Y la felicidad era elusiva, con la gente que intentaba cada filosofía o capricho loco sólo para sentirse cerca de los dioses o encontrar sentido en la vida. Incluso en Israel, una tierra escogida y guiada por siglos por el Dios verdadero, no había habido una profecía o una manifestación de la presencia divina por casi cuatrocientos años. El mundo parecía oscuro y sin esperanza.

Y luego llega este niño a Belén, nacido en una cueva donde los animales dormían, a una madre y un padre que ni siquiera podían encontrar una habitación en una posada. El mundo no lo sabía todavía, pero todo, todo era repentinamente diferente. Donde había oscuridad, ahora hay luz. Donde había miedo, ahora hay esperanza. Donde había abandono, ahora hay consuelo, alegría y paz.

Todo es diferente. Hemos alcanzado el punto central de la historia, el eje alrededor del cual cada otro acto de creación se vuelve. Esta es una ocasión tan monumental que no es simplemente un ángel el que anuncia el acontecimiento, sino un ejército entero de Ángeles, el poder lleno e imponente del cielo, que canta en la alegría poderosa, completa y total del nacimiento del Mesías.

¿Y quiénes son informados de esta nueva esperanza? ¿Quiénes llegan a maravillarse con el esperado que está por venir, Emmanuel, Dios entre nosotros? ¿Quiénes son los primeros en visitar al “consejero admirable”, “dios poderoso”, “padre sempiterno”, “príncipe de la paz”? Son los pastores sarnosos, los vagabundos de la época con los que nadie se asocia voluntariamente. Y, sin embargo, son estos indeseables los que consiguen deleitarse con el resplandor del Dios-hecho-hombre, nacido en humildad para María y su protector, José.

Mira, la esperanza que está viniendo al mundo es ininteligible para aquellos que están seguros y a cargo, para los poderosos y los que controlan. No, sólo los más pequeños, los que se reúnen en la oscuridad y el frío entienden: la mayor esperanza para el mundo se encuentra en lo profundo de una cueva, entre la calidez de los animales. Sólo los pastores entienden que el gran Salvador de las Naciones viene en la forma de un niño pequeño. Sólo nosotros, acurrucados juntos tarde en la noche, creemos: Dios se ha convertido en hombre, y ahora todo, todo es diferente.

 

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